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Conocer y Hacer La Voluntad de Dios.

05/25/2010



Promesa Provision

“El SENOR afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir; podra tropezar, pero no caera, porque el SENOR lo sostiene de la mano” (Salmo37:23,24 NVI)

Pautas generales para conocer la voluntad del Eterno.

He recibido durante estos ultimos diez dias multiples preguntas concernientes a como hacer la voluntad de Di-s, o como mantenerse en la voluntad del Eterno. Es un topico crucial en la vida del que cree y multiples interpretaciones habran sido expuestas al respecto ; aqui pues algunas consideraciones(dificil de hacerlas cortas) que pueden ayudar a entender  e interpretar lo que la Biblia dice al respecto.

En primer lugar hemos de entender que no hay camino seguro al conocimiento de la voluntad divina cuando nuestra consulta contiene dudas. La respuesta puede variar según multiples factores y circunstancias. Nos gustaría que Di-s  enviase un ángel que nos indicara la decisión a tomar. Quiza, al menos, que nos fueran dadas una tablillas al estilo del antiguo urim y tumim del sacerdote israelita en las que aparecía el oráculo de Di-s. La consulta sobre la voluntad del Señor en un asunto determinado  no es algo que hoy  que pueda resolverse mediante una formula matematica o magica, sino por medio de  percepción espiritual y sensibilidad desarrolladas. A modo de guía, sugiero los siguientes puntos:

1. Renuncie a todo prejuicio y a todo intento de justificar lo que nos gustaría que fuese la voluntad divina. De otro modo, cualquier respuesta que no se ajuste a nuestro deseo fácilmente será rechazada con raciocinios fruto del autoengaño. Debemos ir a Di-s con la  mente y oídos abiertos a su voz, sea cual sea su respuesta.

2. Ore sinceramente «para que el Di-s de nuestro Señor Jesus, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él; que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza de la vocación a que él os ha llamado» (Ef. 1:17-18), «que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así podréis andar como es digno del Señor, agradándole en todo» (Col. 1:9-10).

3. Considere el tema a la luz de la Biblia. En algunos casos la enseñanza de la Escritura es suficientemente clara y me indica si debo o no tomar la decisión que me estoy planteando. En otros, puede ocurrir que no hallemos un texto suficientemente claro para tomar la decision que debo tomar. Sin embargo, la enseñanza global de la Escritura y el Espíritu de la misma siempre contienen luz que me ayuda a tomar las decisiones. Esa luz será tanto más clara y útil cuanto más ampliamente conozca la globalidad de las Escrituras. No debo fiarme demasiado de lo que  dice un solo versículo. Es poco fiable la práctica de abrir al azar la Biblia después de haber orado pidiendo a Di-s que me dé como mensaje suyo el primer versículo que aparezca a los  ojos. La experiencia de San Agustín no debe tomarse como ejemplo a seguir. Él mismo, en sus Confesiones, da testimonio de lo que aconteció. Cuando se debatía en una gran crisis moral, torturado por su conciencia de pecado, oyó una voz misteriosa que decía: «Toma y lee». En aquel momento no tenía a mano en su estancia más libro que un ejemplar del Nuevo Testamento. Lo tomó y lo abrió al azar. Sus ojos se fijaron en el texto la carta a los Romanos Ro. 13:12-14, que fue determinante de su conversión.

Pero no siempre ese modo de buscar la voluntad de Di-s tiene efectos tan eficaces. La experiencia de Agustín debería contrastarse con la de aquel creyente que, angustiado y atribulado  por un problema, trató de encontrar la voluntad de Di-s, de igual forma,  abriendo -como Agustín- al azar en el NT. El texto sobre el cual se fijaron sus ojos fue el referido al suicidio de Judas en (Mt. 27:5). Pensando que algo no había funcionado bien, aquel hombre piadoso repitió la prueba. Esta vez le salió el texto «Ve y haz tú lo mismo» de (Lc. 10:37). Insatisfecho, y desechando esta respuesta por inapropiada, intento una vez más y el texto que leyó  fue: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto»de  (Jn. 13:27).

La experiencia ha mostrado que en la mayoría de los casos el texto salido al azar nos dirá muy poco o nada que pueda considerarse una respuesta confiable.

En todos los casos es importante asegurarse  que no distorsionamos la orientación bíblica con una interpretación  sesgada por nuestras ideas prejuiciadas.

4. Dejese aconsejar por una persona idonea para aconsejar con sabiduría y criterio espiritual reconocidos. «El que obedece al consejo es sabio» (Pr. 12:15). Importantes decisiones de algunos personajes bíblicos se debieron a la intervención de sabios consejeros. Como ejemplo, recuerde a David en su hora de furor incontenible por la rudeza hiriente de Nabal. La decisión de David era dar muerte a aquel hombre. ¿Era esto la voluntad de Di-s? No. El sabio consejo de Abigail, esposa de Nabal, fue atendido por David, y lo que pudo haber sido un episodio trágico se convirtió en un ejemplo de sensatez y el dominio propio (1 S. 25).

5. Las circunstancias en muchos casos pueden ser valiosamente orientativas; pero también se prestan a ser mal interpretadas. En el desarrollo de su Providencia, Di-s puede disponer las cosas de modo que me libre de decisiones equivocadas; o, por el contrario, introducir una nueva circunstancia que  facilite la decisión correcta. Sin embargo, no siempre las circunstancias son guía infalible. En algunos casos pueden ser engañosas y llevarnos a resoluciones que no corresponden a la voluntad de Di-s. Esta posibilidad ha de llevarnos a analizar la situación con precaucion, dando una grado de fiabilidad superior a los medios anteriormente señalados. No siempre circunstancias favorables para tomar una decisión indican que nos guían a la voluntad del Eterno. A veces «aun el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz» (2 Co. 11:14). El auge espiritual de la iglesia de Antioquía en días de Bernabé y Pablo era una circunstancia que podía conducir a la iglesia a retener en su seno a aquellos dos hombres extraordinarios; así seguirían beneficiándose de su magnífico ministerio. Parecía un criterio muy juicioso; pero no entraba en los planes del Señor, cuya voluntad era diametralmente opuesta.

6. La voz interior. Muchos creyentes sostienen que Di-s les habla de modo especial, indicándoles lo que deben pensar y hacer. Frecuentemente se les oye decir: «El Señor me ha dicho». Sin embargo, este elemento en la búsqueda de la voluntad divina es el más dudable. Puede esa voz proceder del Espíritu de Di-s, como en el caso del joven Samuel (1 S. 3). Y no cabe duda que el Señor puede guiar nuestro pensamiento y «hablarme» de modo que lo que pienso y después decido es conforme a los planes que él tiene para nuestra vida. No obstante, en muchos otros casos la voz interior no procede del Todopoderoso, sino del interior del propio individuo. Tal fue el caso de los falsos profetas en Israel (Jer. 14:14). Por eso lo que atribuyo a Di-s creyendo que es revelación suya para guiarme, no pasa de ser una pretensión injustificada. De todos los caminos para llegar a conocer la voluntad del Eterno, éste es el menos garantizado, por ser el más expuesto a error. Ello hace necesaria una gran sensibilidad espiritual y un conocimiento sólido de la Palabra del Eterno. Lo que he dicho bajo el epígrafe anterior, es válido para lo que aquí acabo de señalar.

A menudo ninguno de los caminos a seguir para conocer la voluntad de Di-s es suficiente por sí solo. Conviene complementarlo con los medios expuestos a lo largo de esta exposicion.

Observaciones importantes

1. No debo esperar una respuesta sobrenatural del Señor cuando le pido que me revele su voluntad. Es más lógico, y más bíblico, ejercitar las facultades intelectuales que él nos ha dado para discernir lo mejor a la luz de su Palabra.

2. Por atinada que sea mi búsqueda de la voluntad de Di-s, a menos que ésta la halle muy claramente expuesta en la Biblia, siempre habre de adoptar mis conclusiones con reservas. Nunca podre decir o pensar con carácter absoluto: «Ésto es el plan de Di-s para mi vida». Por lo general, siempre quedará la sombra de la duda. Lo máximo que puedo decir es: «Creo que, a través de mis reflexiones, limitadas pero honestas, Dios me guía a tomar tal o cual decisión. Si me equivoco, que él me perdone y en su misericordia me haga conocer mejor lo que quiere de mí y para mí».

Añado sinceramente algo más:

  • Una declaración : «Hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado» (Sal. 40:8).
  • Una súplica: «Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán» (Sal. 43:3).
  • Una entrega renovada: «Heme aquí, oh Dios, vengo para hacer tu voluntad» (He. 10:9)
One Comment leave one →
  1. 05/31/2010 10:41 AM

    If only more than 28 people could hear about this.

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