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Comentario de la Carta a Los Galatas

10/19/2010
 

 

Martin Lutero Catedra

 

Galatas1:1 ” Pablo, apostol”

En una época como la nuestra en que prácticamente todo el orbe cristiano tiene conocimientos del griego, y en que todos poseen y usan las Anotaciones de esta luminaria teológica llamada Erasmo, no es necesario explicar el significado del vocablo griego «apóstol», excepto a los lectores no de Erasmo, sino míos. Apóstol, pues, significa lo mismo que «enviado»; y como nos informa San Jerónimo, es un término o concepto de los hebreos que en el idioma de ellos suena SILAS, esto es, un hombre al que se aplica el nombre «ENVIADO», del verbo “enviar”.Así se lee también en Juan cap. 9:7: «Ve y lávate en el estanque de Siloé” (que traducido es, Enviado) ;e Isaías, conocedor de este significado oculto, dice en el cap. 7: «Este pueblo desechó las aguas de Siloé, que corren mansamente». Pero ya en Génesis 49:10 leemos: «Hasta que venga Siloh», lo que Jerónimo tradujo con: «El que debe ser enviado». Es al parecer a base de este texto que Pablo llama a Cristo «apóstol», es decir, un Silas, en su carta a los Hebreos (He. 3:1) . También Lucas en el Libro de los Hechos menciona a un Silas.
Más importancia que esto tiene el hecho de que «apóstol» es un título modesto, pero -cosa que es de admirar- a la vez también elevado y venerable, un nombre que expresa notable humildad aparejada con grandeza. La humildad radica en que el apóstol es un enviado, con lo que se pone de manifiesto que está en relación de dependencia, servidumbre y obediencia, y se excluye además que alguien se deje seducir por este nombre como por un título honorífico, para depositar en él su confianza y gloriarse en él. Antes bien, el apóstol, por el mismo nombre de su oficio como «enviado», debe sentirse dirigido inmediatamente hacia el que lo envía y de quien procede la majestad y prominencia del enviado y siervo que hacen que éste sea recibido con reverencia. ¡Cuán distinta es la situación en nuestros días en que los nombres de «apostolado», «episcopado» y otros llegaron a significar paulatinamente no un servicio sino una dignidad y autoridad! A tales personas Cristo les da en Juan 10:8 el nombre opuesto: en vez de «enviados» los llama «hombres que vinieron», en otras palabras, más claras aún, «ladrones y salteadores», por cuanto en lugar de traer la palabra del que los envía con el encargo de apacentar con ella a las ovejas, no buscan sino su propio beneficio en aras del cual sacrifican a las ovejas. «Todos los que vinieron», dice Cristo, esto es, todos los que no fueron enviados, «son ladrones y salteadores». Lo mismo expresa el apóstol en Romanos 10:15:
«¿Cómo predicarán si no fueron enviados?» ¡Oh, que también en el siglo nuestro los pastores y dirigentes del pueblo cristiano tomaran bien a pechos estas enseñanzas! En efecto: ¿quién puede predicar a menos que sea un apóstol (un enviado)? ¿Quién empero es un apóstol sino el que trae la palabra de Dios?

 

(Este comentario fue hecho por Martin Lutero en 1519 en su catedra universitaria y tiene vigencia hoy frente a los Galatas del Tercer milenio)

Continuara…

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