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Comentario de la Carta a Los Galatas 2

10/20/2010

Martin Lutero

Gal 1: 2. “No de parte de hombres ni por medio de un hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos, y todos los hermanos que están conmigo.

Ya al comenzar su carta, Pablo lanza una estocada indirecta a los falsos apóstoles de los Gálatas: los sindica como hombres que no fueron enviados por Jesucristo sino por sí mismos o por otros apóstoles cuya enseñanza, sin embargo, estaban falsificando.
Éste es un punto que se debe tener muy en cuenta: Cristo no quiso que se hiciera apóstol a nadie por iniciativa o voluntad de los hombres, sino que el llamado al apostolado debía partir de él, Cristo, exclusivamente. De ahí que los apóstoles no se atrevieran a elegir a Matías, sino que imploraran su designación desde el cielo Hch. 1:23 y sigtes. También a Pablo mismo, Cristo lo llamó desde lo alto y lo hizo apóstol (Hch. 9:3 y sigtes). Pero en particular lo hizo mediante la voz del Espíritu Santo, Hechos 13:2) :«Apartadme» -dice- «a Pablo y a Bernabé para la obra a que los he llamado». Y así, Pablo mismo se gloria en Romanos 1:1 de «haber sido apartado para predicar el evangelio de Dios». Pues mientras los demás apóstoles fueron enviados a los judíos (lat. `a la circuncisión’), Pablo y Bernabé fueron apartados para servir entre los incircuncisos y gentiles(Gá. 2: 7, 9)
Nótese además: Pablo asigna al nombre «apóstol» un carácter tal de oficio y dignidad que lo usa a modo de participio , diciendo: «Apóstol no de parte de hombres», lo que equivale a «enviado no de parte
de hombres», a no ser que la locución aquí empleada tenga sabor a hebraísmo, como el pasaje del Salmo 4 (Sal. 45:8) : «Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos; desde palacios de marfil te recrean”.
Todo esto tiene por objeto hacerte ver cuánto cuidado puso Cristo en instituir su iglesia y en protegerla contra cualquiera que se arrogue arbitrariamente el derecho de enseñar; pues este derecho lo tiene sólo el que fue enviado por Cristo mismo o por los que Él envió. Pues así como el primero y más grande beneficio para la Iglesia es la palabra de Dios, así por otra parte no hay perjuicio alguno que resulte más funesto para la Iglesia que la palabra del hombre y las disposiciones humanas producto de la tradición. «Dios sólo es veraz, y todo hombre mentiroso» (Rom. 3:4). Resulta, pues, que con la misma solicitud con que David proveyó en su tiempo todo lo necesario para construir el templo y se lo dejó a Salomón para que éste concretara la obra, así Cristo dejó el evangelio y los demás escritos sagrados para que con ellos y no por decretos humanos se edificara la Iglesia. Cuán lamentablemente se descuidó e incluso se invirtió esto durante los últimos trescientos años, lo evidencia claramente el estado actual de la Iglesia en todos sus aspectos.

(Comentario a la carta de Pablo a los Galatas hecho por Martin Lutero en su catedra de 1519)

Continuara…Cita a San Jeronimo.

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