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Comentario de La Carta a Los Galatas 3

10/21/2010
Galatas 1:2 “…y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia:”  

 

Dr. Martin Lutero

 

San Jerónimo infiere de este pasaje la existencia de cuatro clases de apóstoles: la primera clase son los que han sido llamados no de parte de hombres ni por medio de un hombre sino por Jesucristo y por Dios el Padre, como los profetas de antaño y, todos los apóstoles. La segunda clase son los que también recibieron su llamado de Dios, pero no en forma directa, sino por medio de un hombre, como los discípulos de los apóstoles y todos los que hasta el fin del mundo son sucesores legítimos de los apóstoles, vale decir, los obispos y sacerdotes; y esta clase no puede existir sin la primera, a la que se remonta su origen. La tercera clase comprende a los que han sido llamados por un hombre u hombres, no por Dios, como es el caso cuando alguien obtiene su cargo por la protección o los manejos de otros, y estos casos los vemos a diario, ya que los más de los sacerdotes no lo son por voluntad divina, sino porque han comprado el favor popular. Esto son palabras de Jerónimo. Si este mal ya comenzaba a extenderse en tiempos de Jerónimo,qué hay de extraño si hoy reina en todas partes? Pues en esta clase hemos de incluir a todos aquellos que antes de ser llamados, se ofrecen a sí mismos para el cargo de obispos y sacerdotes, impulsados por la más baja avidez de llenarse el estómago y escalar posiciones. El provecho que la Iglesia saca de esa gente lo tenemos a la vista. La cuarta clase se compone de los que no han sido llamados ni por Dios ni por parte de hombres ni por medio de un hombre sino por sí mismos; son estos falsos profetas y falsos apóstoles de quienes habla San Pablo como de «falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo» (2 Co. 11:13) y a quienes se refiere el Señor en Juan 10: 8 diciendo: «Todos los que vinieron, fueron ladrones y salteadores». Jeremías escribe al respecto, cap. 23:21) : «Yo no envié a aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, sin embargo profetizaban». De este mal hay que cuidarse muchísimo. Es por esto que Cristo no permitió a los demonios que hablaran (Mr. 1:34), aun cuando era correcto lo que estaban por decir; porque de esta manera, bajo el manto de la verdad podría haberse infiltrado una mortífera mentira. Pues el que habla de suyo, no puede hablar sino mentira, como dice Cristo en Juan 8:44). Así, pues, para que los apóstoles no hablaran de suyo, les dio su Espíritu, respecto del cual afirma: «No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros», y «yo os daré palabra y sabiduría» etc. (Mt. 10:20; Lc. 21:15).

(Dr. Martin Lutero, catedra universitaria de 1519). Observese la vigencia de este comentario frente a los Galatas del tercer milenio.

 

Continuara…
One Comment leave one →
  1. Maria Luisa permalink
    10/21/2010 10:46 PM

    Pastor…Excelente haber rescatado los escritos de Lutero. Le recomiendo “Concerning Christian Liberty” tambien de el. Mil gracias por su equilibrio!!!! Dios le bendiga

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