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Comentario a la Carta a Los Galatas 5

10/24/2010

Martin Lutero

Galatas 1:2: Y todos los hermanos que están conmigo». «Todos los hermanos» dice Pablo, con lo que nuevamente parece distanciarse de los apóstoles falsos, los cuales, según referencias de Jerónimo, afirmaban que también Pablo predicaba en otras partes una doctrina distinta de la que había llevado a los Gálatas. Además, esta alusión a los hermanos se hizo por cuanto la opinión unánime de muchos acerca de un mismo asunto es lo que más puede ayudar a corregir a los que se desviaron de la verdad

Galatas 1: 2b: “… A las iglesias en Galacia.”

En otras cartas, Pablo se dirige a la iglesia de una sola ciudad; en ésta en cambio escribe a las iglesias de muchas ciudades; se puede decir, a las de una provincia entera. Aquí merece especial atención la fina observación de San Jerónimo de que los acusados por el apóstol de haberse corrompido por enseñanzas erróneas, son llamados no obstante «iglesias». De todo esto hemos de aprender, dice Jerónimo, que el término «iglesia» puede usarse en dos sentidos: para la iglesia «que no tiene mancha ni arruga y que es en verdad el cuerpo de Cristo» (Ef. 5: 27; 1 Co. 12:27), y también para la iglesia que está siendo congregada en el nombre de Cristo sin que sus virtudes ya sean completas y perfectas. Análogamente, también la palabra «sabios» se toma en doble sentido: se aplica a los que poseen la virtud de la sabiduría en una medida plena y perfecta, y también a los principiantes que progresan en el camino del saber.
Respecto de los perfectos se dice: «Os enviaré sabios»; respecto de los que se inician: «Corrige al sabio, y te amará» (Mt. 23:34; Prov 9:8). En este sentido deben entenderse también las demás virtudes; quiere decir: «valiente y prudente, casto, justo, templado» se toman a veces en sentido cabal, otras veces en sentido más bien limitado. Pero ante todo debe aplicarse este entendimiento a lo que llamamos «perfección». Pues ningún hombre, ni siquiera un apóstol, alcanza en esta vida una perfección tal que no sea preciso que se perfeccione aún más. Es como dice el Sabio: «Cuando el hombre haya llegado a la perfección, entonces comience». Así, pues, se puede llamar «perfecto» a unos en comparación con otros; por lo demás, también estos perfectos comienzan todos los días de nuevo y están en vías de progresar.
Por esto es más acertada la explicación de San Agustín quien ubica la «iglesia sin mancha ni arruga» en la vida venidera donde ya no tendrá que rogar: «Perdónanos nuestras deudas». Y no obstante, tienen mucha razón Jerónimo y Orígenes al afirmar que este pasaje de la carta apostólica presta excelentes servicios en la lucha contra los herejes. Pues éstos se muestran muy dispuestos a apodar «Babilonia» a una iglesia que en su medio tiene también algunos elementos malos, para luego arrogarse a sí mismos el nombre de «iglesia» como si ellos fuesen los verdaderos santos.
Es cierto:si en alguna iglesia hay personas malas, es preciso iniciar sin dilación los pasos pertinentes; conforme al ejemplo dado aquí por Pablo, hay que elevar la voz de advertencia, exhortar, rogar, orar, intimidar, en fin, intentar todo lo posible para convertir a los malos en buenos. Pero lo que no hay que hacer es separarse y causar cismas so pretexto de ese
sacrílego «temor de Dios» como gustan llamarlo, y con ese ardor de la conciencia que nada tiene que ver con piedad. Pues ¿qué clase de amor es aquel que insiste en no soportar a los malos ni ayudarles? No es ni más ni menos que una violenta ira que de manera totalmente impropia se viste con el nombre de amor.

¿Qué pueden responder a esto? El apóstol se dirige no a un grupo que adolecía de graves defectos morales (que son lo único que escandaliza a los orgullosos dechados de virtud y los induce a tener a uno por hereje) sino a gente que se había desviado de la fe y había echado a perder toda la sustancia a base de la cual se les podría haber aplicado el nombre de iglesia -¡y no obstante, a éstos el apóstol los llama «iglesias»!
Rev. Dr. Martin Lutero, comentario en su catedra universitaria de 1519 la cual mantiene vigencia hoy frente a los Galatas del tercer milenio.
Continuara…


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