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Comentario de La Carta de Pablo a Los Galatas 7/7

10/27/2010

Catedra del Dr. Martin Lutero

Gal 1: 4,5: “EL cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

Cada una de estas palabras tiene una peculiar intensidad y también su propio énfasis; pues con ellas el apóstol afirma de una manera muy general que la ley y el albedrío humano no son de valor alguno si no se cree en el Cristo que fue entregado por nuestros pecados.
«El cual se dio», dice, indicando así que se trata de un don gratuito dado a quienes no lo merecían; no dice «devolvió», como si se tratara de una recompensa para gente que tiene un derecho a ella. Algo análogo se lee también en Romanos 5:10: «Siendo aún enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo». Mas lo que «dio» no fue oro ni plata, pero tampoco un hombre ni todos los ángeles; no: se dio «a sí mismo», lo más grande que hay y lo más grande que posee. Y un precio de tan inestimable valor lo dio, digo, por nuestros pecados, algo tan despreciado y digno del más profundo odio. ¡Oh, cómo se acerca Cristo a nosotros con su gracia, y cuánto nos ama! ¡Y qué palabras más sublimes y adecuadas escogió Pablo para ensalzar la misericordia de Dios Padre, y para mostrárnosla en toda su dulzura!
¿Dónde están ahora los que tan altaneramente alardean con el libre albedrío? ¿Dónde queda la erudición de la filosofía moral, y qué valor y eficacia tienen las leyes, tanto las espirituales (sacrarum)  como las civiles (profanarum)? Si nuestros pecados son tan enormes que sólo pudieron ser liquidados mediante la entrega de un precio tan alto, ¿qué podemos lograr nosotros mientras intentemos hacernos justos a nosotros mismos mediante nuestra voluntad, con leyes y enseñanzas? Lo único que logramos es encubrir nuestros pecados bajo la engañosa apariencia de justicia y virtud y convertirnos en hipócritas incurables.
¿De qué sirve la virtud si los pecados persisten? Por lo tanto tenemos que apartar nuestra esperanza de todo esto; y donde no se enseña a Cristo, tenemos que ver en toda virtud no otra cosa que un manto para cubrir la maldad y una tapa para toda inmundicia, tal como dice Cristo al describir a los fariseos. Nada son por lo tanto las virtudes de los gentiles, nada sino falacias, a no ser que se quiera tener por cosa superflua la entrega de Cristo por nuestros pecados. ¡Como si él hubiera querido pagar en vano semejante precio por algo que nosotros bien podíamos conseguir con nuestras propias fuerzas!

El texto completo de este comentario, puede consultarse en

www.iglesiareformada.com
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