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Ser ansioso VS Estar afanoso

12/09/2010

Faith

Es importante tener clara la enseñanza bíblica sobre la ansiedad. Con frecuencia, conceptos erróneos son fuente de sentimientos de culpa injustos. Debemos trazar una distinción entre ser ansiosoestar afanoso. La diferencia es clara no sólo desde el punto de vista semántico, sino también conceptual, reflejan realidades distintas.

Ansiedad psíquica.

Se trata de una forma de ser, un temperamento, con una clara base genética. Suele transmitirse de padres a hijos tanto por herencia como por aprendizaje. Son personas que se preocupan desmedidamente por todo. Anticipan los acontecimientos de forma pesimista y exagerada. Siempre piensan lo peor. Su mente está llena de malos presagios; imaginan siempre lo más terrible. Nunca pueden relajarse totalmente porque cuando han resuelto una preocupación ya están pensando en la siguiente. Viven sin tregua, de tal forma que raramente viven tranquilos.

El temperamento del ansioso es un problema psicológico que puede mejorar con ciertas técnicas. La terapia cognitiva, por ejemplo, que consiste en enseñar a pensar a traves de la fe, suele ser eficaz. Este tipo de ansiedad, en sí misma, no es un pecado porque no es incompatible con la confianza en Dios. Jacob, David, Jeremías y otros hombres de gran fe pasaron por momentos de mucha ansiedad, pero en medio de sus angustias siguieron confiando en Dios de forma admirable. Como dijo David, «Mas el día que temo, yo en ti confío» (Sal. 56:3).

La ansiedad existencial

A diferencia de la anterior, se trata de una reacción de desconfianza ante el futuro, en especial en los aspectos más esenciales de la vida: comida, salud, abrigo, tal como Jesús señala en el Sermón del Monte (Mt. 6:25-31). El verbo merimnao aparece hasta cuatro veces en el texto y da la idea de estar muy preocupado, abrumado, hasta el punto de generar inquietud, desasosiego. Es la misma palabra que Jesús utiliza para reprochar a Marta su actitud: «…afanada y turbada estás»

Este tipo de ansiedad es claramente condenada en la Biblia porque en su base hay una falta de confianza en la provisión de Dios. Implica, en la práctica, negar dos atributos básicos del carácter divino: su fidelidad y su providencia. Es hacer a Dios pequeño, convertir al Todopoderoso en un «dios de bolsillo». Si lo anterior era más un problema psicológico que requería tratamiento, la ansiedad existencial -el estar afanoso- es un pecado que requiere arrepentimiento. Su mejor tratamiento radica en poder exclamar como el salmista con plena certeza: «Mas yo en ti confío, oh Dios, en tu mano están mis tiempos» (Sal. 31:14-15).

No voy a concluir sin mencionar el antídoto por excelencia a esta ansiedad existencial: la oración. El apóstol Pablo nos ha legado uno de los pasajes más luminosos sobre el tema en Fil. 4:6-7:

«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante del Dios y Padre en toda oración y ruego, con acción de gracias»

Este ejercicio espiritual combate la causa última de la ansiedad descrita al principio: la separación de Dios. Cuanto más aprendemos a desarrollar un sentido constante de la presencia de Dios en nuestra vida -esto significa la expresión «orar sin cesar»- tanto más vamos a experimentar el bálsamo terapéutico de la paz de Dios. Pablo lo describe con tal fuerza que sobra cualquier comentario:

«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

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