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Sal de la Tierra y Luz del Mundo 8

03/07/2012

Sal y LuzEl humanismo y la secularización de la iglesia pueden adoptar diversas formas, las cuales -en última instancia- expresan el deseo del corazón humano de ser independientes respecto de Dios.
La expresión más trágica del humanismo consiste en la pretensión del hombre de gobernar la iglesia del Señor.

“Así dice el Señor: «¡Maldito el *hombre que confía en el hombre! 
¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del Señor! 
Será como una zarza en el desierto: no se dará cuenta cuando llegue el bien. Morará en la sequedad del desierto,en tierras de sal, donde nadie habita.”(Jeremias 17:5,6 NVI)

Queda claro que esa situación jamás tendrá la bendición de Dios y que su consecuencia es la sequedad, la tierra despoblada y deshabitada.
“Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia.23 Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo. (Efesios 1:22-23 NVI)
La cabeza tiene por función tomar decisiones y dirigir el movimiento del cuerpo y Jesús no ha delegado en ningún ser humano su función de ser cabeza de la Iglesia.
Mientras el hombre pretenda ocupar el lugar de Jesus se estará fluctuando entre la carne, la mundanalidad y el tremendo pecado de legalismo.
El legalismo genera una falsa confianza y lleva a la mayor frustración, al apartarnos paulatinamente de una vida que expresa la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo.

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